lunes, 31 de agosto de 2009

SALMO 27



EL SEÑOR ES MI LUZ Y MI SALVACION,
¿a quién he de temer?
Amparo de mi vida es el Señor,
¿ante quién temblaré?


Invito a que visiten una hermosa web (llegue ahí, guiada por mi amado Jesús)
www.dulzuras.com
(encontrarán bellas imagenes de Jesús)

SALMO 31


Señor, busco refugio en ti.
A ti, Señor, me acojo, no quede yo nunca defraudado: ¡tú que eres justo, ponme a salvo!
Inclina tu oído hacia mí, date prisa en liberarme.
Sé para mí una roca de refugio, el recinto amurallado que me salve.
Porque tú eres mi roca y mi fortaleza; por tu nombre me guías y diriges.
Sácame de la red que me han tendido, porque eres tú mi refugio.
En tus manos encomiendo mi espíritu, y tú, Señor, Dios fiel, me librarás.

LECCION DE PERSEVERANCIA



¿Te has puesto a observar la actitud de los pájaros ante las adversidades?

Están días y días haciendo su nido, recogiendo materiales a veces traídos desde largas distancias... Y cuando ya está terminado y están prontos para poner los huevos, las inclemencias del tiempo o la obra del ser humano o de algún animal lo destruye y tira por el suelo lo que con tanto esfuerzo se logró...

¿Qué hace el pájaro? ¿Se amilana, se paraliza, abandona la tarea?

De ninguna manera. Vuelve a recomenzar, una y otra vez, hasta que en el nido aparecen los primeros huevos. A veces, muchas veces, antes de que nazcan los pichones, algún animal, un niño, una tormenta, vuelve a destruir el nido, pero esta vez con su precioso contenido... Duele recomenzar desde cero...

Pero aun así el pájaro jamás enmudece ni retrocede, sigue cantando y construyendo, construyendo y cantando...

¿Has sentido que tu vida, tu trabajo, tu familia, tus amigos no son los que soñaste? ¿Has querido decir basta, no vale la pena el esfuerzo, esto es demasiado para mí? ¿Estás cansado de recomenzar, del desgaste de la lucha diaria, de la confianza traicionada, de las metas no alcanzadas cuando estabas a punto de lograrlo?

Por más que te golpee la vida, no te entregues nunca, di una oración, pon tu esperanza al frente y arremete. No te preocupes si en la batalla sufres alguna herida, es de esperar que algo así suceda. Junta los pedazos de tu esperanza, ármala de nuevo y vuelve a arremeter. No importa lo que pase... no desmayes, sigue adelante. La vida es un desafío constante pero vale la pena aceptarlo.

Y sobre todo... nunca dejes de cantar.


(lo comparto con ustedes, este bello mensaje me lo envio mi amiga Susana Podnosoff)

PARA REFLEXIONAR...


Cada uno juzga con los elementos que posee. Mientras más somos ignorantes, menos elementos poseemos, y mientras menos elementos poseemos, más rápidas y absolutas son nuestras conclusiones. Al contrario, quien posee más conocimiento y, con eso, más elementos para juzgar, no llega a conclusiones simplistas, rápidas y absolutas. Luego, quien más se aproxima a la verdad es quien juzga lentamente, sin absolutismo, pero con profundidad.

Entonces, quien juzga, lanzando su juicio sobre los demás, en su último análisis se juzga a sí mismo, y con su juicio, se revela. Por el hecho: de que él no puede juzgar sino conforme a su tipo de pensamiento y naturaleza, con su juicio son descubiertos su pensamiento y su naturaleza.

La mejor manera de llegar a conocer una persona es la de observar sus juicios acerca de los demás. Cuando alguien cae en la ilusión de suponer que, juzgando a los demás, está así poniéndolos al descubierto y colocándose por encima de ellos, en realidad, sólo se está sometiendo a juicio, descubriéndose y mostrando a todos sus propios defectos.

(P. Ubaldi – A Lei de Deus)

DIOS ES AMOR, LUZ, VIDA



DIOS ES AMOR, LUZ, VIDA,
provisión infinita y salud perfecta,
toda su creación es buena
y esta llena de bendiciones.

NO OLVIDEMOS LO VALIOSOS QUE SOMOS.
¡SOMOS SU CREACIÓN¡

MELISSITA, HIJA MIA, RECUERDA QUE SIEMPRE HAY UN ANGEL EN TU VIDA




Recuerda siempre, "HAY UN ANGEL EN TU VIDA, que siempre te está abrazando"

¡No lo olvides¡ es tu angel guardián, el que te acompaña, de día y de noche.

¡QUE DIOS TE BENDIGA¡

domingo, 30 de agosto de 2009


SANTA ROSA DE LIMA,
"Rosa de Santa María"

Patrona de América, Perú y las Filipinas
Fiesta: 30 de agosto


Rosa fue el nombre con el que Isabel Flores de Oliva fue llamada por una india encargada de su crianza, la que pudo percibir en ella no sólo su belleza exterior, sino la inmensa religiosidad que la convertiría en la primera santa de América Latina.

Rosa nació el 30 de abril de 1586. Desde muy pequeña se caracterizó por su hermosura física, recibiendo por ello innumerables halagos. Sin embargo ella venció la tentación del amor propio y la vanidad, con humildad, obediencia y abnegación de su voluntad. Pero esa belleza exterior era tan solo un reflejo de la enorme religiosidad que Rosa de Lima quiso reservar al Amor de sus amores, DIOS.

Desde pequeña, Rosa mostró su inmensa piedad y devoción por el Señor y su vocación permanente por ayudar a los demás, a tal extremo que sus padres pretendieron apartarla de este santo camino para buscarle un matrimonio conveniente. Más ella, sin renunciar a la obediencia que siempre profesó a sus padres, nunca cedió a esas pretensiones.

Su ferviente amor a Dios lo expresaba en diversas prácticas de penitencia que asumió desde pequeña. A los diez años de edad ayunaba a pan y agua. Comía muy poco y se preocupaba por que su alimento no tuviera un sabor agradable. En su dormir también fue muy exigente consigo misma, ya que colocaba maderos en su lecho y virutas y cañas en su almohada. Utilizaba silicios para mortificar su frágil cuerpo. Pero todo esto sólo se puede entender al conocer el gran amor que llenaba el interior de la Santa. Todo esto era la expresión de un corazón que desbordaba de piedad por Cristo. Amor que le llevó a rezar durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor".

Hacia el año de 1606 recibió el hábito de la tercera Orden de Santo Domingo. Pero Rosa nunca llegó a pisar los claustros. Quiso Dios que Rosa permaneciera en el mundo embelleciéndolo con su presencia. Santa Rosa buscó el silencio en una pequeña cabaña que ella misma construyó en el huerto de su casa y desde allí se dedicó a una intensa vida de oración, lo que le permitió disfrutar de innumerables experiencias místicas.

Dios le otorgó gracias extraordinarias pero también permitió que sufriese persecuciones por parte de sus amigos y conocidos, poniendo a prueba su carácter de santidad. Las tentaciones del maligno también estuvieron presentes, pero ella supo responder con mucha oración y penitencia.

Dios llamó a su lado a Santa Rosa el 24 de agosto de 1617, cuando la joven apenas tenía treinta y un años de edad. Al funeral asistieron representantes del Cabildo y la Audiencia de Lima, quienes junto a miles de pobladores la acompañaron en su último recorrido, quizás sospechando que esa frágil y bella Rosa había logrado que la gracia divina cayera sobre la ciudad de Lima, y que su dulce nombre ya no podría desligarse nunca más de la capital peruana.

"AQUI ESTOY, SEÑOR. ÚSAME"



"ÚSAME"

Esta línea del Padrenuestro, “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, puede referirse al alimento para el cuerpo. También puede significar alimento para el alma, sustento para el espíritu; el pan viviente del que Jesús habló.

Todos deseamos que la vida signifique más que comodidades materiales. Deseamos sentirnos útiles. Anhelamos sentir que aportamos algo de valor al mundo. Y podemos hacerlo cuando expresamos los dones que Dios nos ha dado.

Una oración sencilla como “Aquí estoy, Señor. Úsame” puede alejar el pensamiento de que nuestra vida no tiene propósito. Cobremos fe, sepamos que se nos necesita, que somos importantes.


“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.”—Mateo 6:11

DIOS ES TODO LO QUE NECESITO



Cuando era niña, creía que nada podía obstruir mi camino ni dañarme. Si tenía alguna preocupación o experimentaba algún temor, me sentía a salvo, segura y protegida cuando uno de mis padres, mi abuelito u otro familiar me abrazaba.

Ahora como adulta, quizás sienta que esos brazos protectores han desaparecido. Mas, durante momentos de incertidumbre, puedo acudir a la amorosa presencia de Dios y descansar en Su guarda. El espíritu de Dios está en nosotros y va delante de nosotros.

De manera que tengo presente mi verdadera identidad. SOY HIJA DE DIOS y resplandezco con luz divina.


“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos.”—Proverbio 3:26

El Cielo



Cuando era niña, mi abuelito me dio una descripción acerca del cielo. Me dijo que si me portaba bien iría al cielo después que muriera. Y que, el mismo San Pedro me iba a recibir en las puertas del Reino de Dios.

Luego tendría una audiencia personal con Dios. Me dijo también que Dios tenía una lista acerca de mí, donde había un récord bien llevado de las cosas buenas y malas que yo había hecho. ¡Si el saldo era favorable, sería admitida en el cielo!

Mi abuelito me dijo que las calles del cielo eran muy limpias y brillaban, que todas las personas serían ángeles. Ahhh, eso me gustaba mucho, yo me convertiría en una "angelita".

También me dijo que este Reino estaba situado en algún lugar del cielo. Cuando pregunté que dónde estaría este sitio, no me pudo dar una respuesta clara. Simplemente me dijo que de la misma manera como el infierno estaba “abajo”, el cielo estaba “arriba”. Ésta fue mi orientación con respecto al cielo.

Lo que me molestaba realmente acerca de esto era que de la única manera que yo podía disfrutar del éxtasis supremo de Dios era muriéndome. Recuerdo que deseaba que hubiera alguna manera de experimentar el cielo sin tener que primero envejecer y morir.

¿Cómo llegamos los seres humanos a este concepto del cielo?
Es un concepto basado en el “hecho” de que el cielo está arriba. Generalmente pensamos que lo que está arriba tiene más dignidad que lo que está abajo; en consecuencia, ¡el cielo debe estar en alguna parte sobre nosotros! Era natural que nuestro pensamiento fuera en esta dirección.

También, no podemos concebir que la vida termine en una tumba. Eso parece ser un final no apropiado para una persona, aunque lo que se entierra solamente es el cuerpo. Queremos pensar que alguna parte de nosotros continúa viviendo.

Queremos sentir que la cualidad que llamamos vida es tan grande que no puede ser limitada a los relativamente pocos años que la mayoría de nosotros expresa en la tierra. Tenemos el derecho de querer creer esto.

Pero hay una alternativa a la manera como se enseña tradicionalmente el cielo, y esta alternativa está en las palabras mismas de Jesucristo. Sí, está escrito que cuando Jesús oraba, elevaba Sus ojos al cielo. Pero ¿dónde dijo Jesús que estaba situado el cielo?

Él fue específico en este respecto; Él dijo: “¡El reino de los cielos se ha acercado!” (Mt. 4:17), y “El reino de Dios está entre vosotros.” (Lc. 17:21).
Éste es un concepto emocionante. Significa que el cielo está aquí y ahora.
No es algo para experimentar solamente después de la muerte del cuerpo.

Pero si el reino de Dios está en nosotros, ¿qué es?
“El reino del cielo o de los cielos, es un estado de conciencia en el cual el alma y el cuerpo están en armonía con la Mente divina.”
Esto significa que el cielo es un estado de conciencia en el cual tenemos pensamientos y sentimientos tan elevados que están en armonía completa con el Espíritu de Dios en nosotros.
“Entrar” al reino de los cielos es una experiencia que cualquiera de nosotros puede tener aquí y ahora.

Fíjense que dije “experiencia”. El cielo no es un destino; es una experiencia.
Pero a menudo somos muy vagos con estos conceptos; seamos más específicos.

Es verdad (y sí lo es) que somos creados a la imagen y semejanza de Dios, entonces, el Espíritu de Dios mora en nosotros. Donde Dios mora, hay cielo.
En consecuencia, la lógica nos dice que el cielo está en nosotros.
El reino de los cielos en nosotros es el estado de conciencia espiritual perfecta. Es esa parte de nosotros donde las cualidades supremas del Espíritu esperan, esperan que nosotros les permitamos expresarse por medio de nosotros.
Éstas son las cualidades del amor, la paz, el gozo, la salud y el valor perfectos, y todas las otras expresiones que representan la vida espiritual verdadera.
Pero estas cualidades están dormidas hasta que consintamos en expresarlas en nuestro carácter personal, espiritual.

¿Cómo se logra esto?
Por medio de la oración. Hay una técnica específica que consiste en la negación —la eliminación de obstrucciones mentales para que podamos hacer una oración efectiva— para establecer conscientemente las cualidades divinas en nuestra conciencia.
Además de los aspectos verbales de nuestra oración, está también el asunto de la actitud.

Una de las actitudes que debe ser eliminada es la duda. Si existe aunque sea una sombra de duda en nuestras mentes de que alguna de estas cualidades pueda brotar en nosotros y encontrar expresión por medio de nosotros, no es probable que seamos elevados a un estado celestial de conciencia. Debe existir una fe total para tener una experiencia total.

Entonces, ¿cuál es la actitud más importante que debemos tener para elevar nuestra conciencia a un estado celestial?
La receptividad. Debemos tener tanta receptividad a la idea de que las cualidades de Dios se están manifestando en nuestra conciencia personal que nos sea imposible tener cualquier duda o miedo a lo contrario.
Esta actitud puede llamarse preparación de la conciencia individual para la venida de una experiencia personal del Espíritu.

Esta experiencia espiritual es la cosecha de la semilla de las ideas divinas en el suelo de nuestra mente. Bajo un clima de actitudes favorables, estas ideas germinan; luego crecen y dan fruto. El fruto de este proceso es la experiencia. Como las semillas plantadas son el amor, la paz, el gozo, la salud, el valor, etc., las experiencias relacionadas con estas cualidades vienen a nuestras vidas.
Comenzamos a dar y recibir cualidades de una vida verdaderamente espiritual.

Así que el reino de los cielos está a la mano. ¡Es nuestro para que lo disfrutemos ahora!

Es una experiencia verdaderamente celestial tener las cualidades divinas evidenciadas en tu vida.

No tienes que esperar hasta que mueras para conocer el cielo. ¡Es tuyo para que lo conozcas y lo experimentes ahora!

Esto es lo que Jesucristo quería que supiéramos.